Nota de prensa

Europa se sitúa a solo tres años de China en ventas de vehículos eléctricos

25 marzo 2026

Los vehículos eléctricos son una «palanca» para acabar con la dependencia del petróleo; las importaciones europeas de petróleo alcanzarán los 300.000 millones de euros en 2026, lo que supone un sobrecoste de 80.000 millones de euros debido a la crisis del petróleo

Si Europa mantiene su ambición en cuanto a la implantación de los coches eléctricos, podrá reducir la brecha con China antes de 2030 y reducir drásticamente el consumo de petróleo en el transporte, según muestra un nuevo estudio de T&E. En 2020, la UE y China estaban a la par en cuanto a la cuota de ventas de vehículos eléctricos, sin embargo las laxas normas europeas sobre emisiones de CO₂ de los automóviles a partir de 2022 hicieron que China tomara la delantera. Gracias a unos objetivos más ambiciosos en 2025, la UE se encuentra a solo tres años de distancia, según muestra el análisis. Dado que siete de cada diez vehículos eléctricos vendidos en Europa se fabrican en Europa, una transición más rápida puede garantizar que la industria automovilística europea siga en activo.

Mientras Europa se tambalea ante otra crisis energética más, los precios del petróleo, que superan con creces los 100 dólares estadounidenses por barril, han provocado subidas de precio para los conductores europeos. El nuevo informe de T&E sobre el Estado del Transporte Europeo muestra que, con las políticas adecuadas, Europa puede recuperar el liderazgo en una de las tecnologías limpias más importantes del siglo XXI y reducir rápidamente su dependencia del petróleo importado. Los 8 millones de coches eléctricos de Europa han reducido el consumo de petróleo en unos 46 millones de barriles en 2025.

William Todts, director ejecutivo de T&E, ha afirmado: «Los vehículos eléctricos son la palanca definitiva para acabar con la dependencia de Europa del petróleo importado. El argumento de la industria de que vamos muy por detrás de China y de que debemos suavizar la normativa sobre las emisiones de CO₂ de los automóviles para ayudarles a competir es totalmente erróneo. La normativa no es el problema. Es lo que mantiene a Europa en la carrera por el liderazgo mundial en el sector de los vehículos eléctricos de batería. Tenemos que acelerar, no rendirnos».

El informe «El estado del transporte europeo» revela que la reducción de las emisiones de carbono del sector del transporte se ha estancado. Países con un elevado volumen de ventas de vehículos eléctricos, como Dinamarca y los Países Bajos, están registrando una fuerte disminución de la contaminación por carbono de los vehículos. Sin embargo, esto se ve contrarrestado por el aumento de las emisiones en países como España, donde las ventas de vehículos eléctricos de batería siguen siendo demasiado bajas. La lenta adopción de los vehículos 100% eléctricos prolonga la dependencia de Europa del petróleo.

China avanza a toda velocidad en el ámbito de las tecnologías limpias y la electrificación: las empresas chinas fabrican el 60 % de los coches eléctricos que se venden en todo el mundo, mientras que su producción de baterías es veinte veces superior a la de Europa. Al mismo tiempo, la industria europea de las baterías está en plena transformación, y empresas europeas y chinas se están uniendo a las empresas surcoreanas ya presentes para impulsar la producción de baterías en la UE. Unas políticas y una financiación adecuadas pueden liberar el enorme potencial de Europa para hacer crecer su industria de baterías.

William Todts ha concluido: «El informe sobre el Estado del Transporte Europeo transmite un mensaje contundente. El Pacto Verde Europeo es una hoja de ruta hacia la economía de tecnologías limpias del futuro y el plan para reforzar la seguridad europea mediante la reducción de la dependencia de las importaciones de petróleo. Sin embargo, está siendo objeto de ataques por parte de los fabricantes de automóviles europeos, a quienes les preocupan más los beneficios a corto plazo que la seguridad y la sostenibilidad a largo plazo. La UE debe resistir las presiones para debilitar aún más la normativa».